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sábado, 31 de octubre de 2020

Aprender mirando el mar

 


Claro está que la pandemia causada por el COVID 19 ha generado profundos cambios en los sistemas educativos del mundo, los que nos han obligado a mirar la educación y los procesos de aprendizaje con otros ojos.

La noticia a la cual refiere el título de este post proviene de Italia donde, a partir del proyecto “Mentes en la arena”, algunas escuelas de la región de Abruzzo, en el este del país, han decidido trasladar el proceso de enseñanza y aprendizaje a las arenas de su costa.

Considerando esta experiencia, hemos visto que una de las riquezas que ha tenido los efectos de la pandemia en las escuelas ha sido justamente la capacidad de innovación de sus actores educativos. El pensar en trasladar el espacio del aula, a un lugar abierto como la playa, claramente permite responder a una primera necesidad que es la sanitaria, es decir, evitar lo más posible los contagios entre las personas, lo que en un espacio abierto, como la playa, claramente lo disminuye.

Pero más allá del cuidado por la salud de los estudiantes, profesores, directivos y otros actores de las comunidades, que evidentemente es en este momento lo más importante, esta experiencia nos abre nuevamente a la posibilidad de replantearnos nuestro sistema, y abrirnos a la posibilidad de pensar la construcción del conocimiento y las experiencias de aprendizaje, fuera del espacio tradicional del aula. 

La evidencia es clara en señalar que el aprendizaje puede tener lugar en cualquier contexto, por lo que cualquier experiencia, momento y escenario puede ser una fuente de aprendizaje, sea o no en el aula. Sin embargo, y en un sistema educativo como el nuestro donde el contenido y la cobertura curricular tienen un rol central en cómo comprendemos nuestra educación, esto resulta un desafío aún mayor.

Efectivamente el hacer clases en una playa, en un parque, o en cualquier lugar que abra los límites físicos a los que hemos estado acostumbrados, puede tener sus dificultades logísticas, eso no lo niego, sin embargo, nos entrega una riqueza increíble. No se trata de trasladar el aula, tal cual, al espacio exterior, sino de acompañar este cambio de escenario con ajustes en la forma en que comprendemos los procesos de enseñanza y aprendizaje. 

Tal como ha ocurrido con el cambio de las clases presenciales a la clases online, este cambio de escenario nos debe motivar a efectuar ajustes más profundos que enriquezcan la experiencia de aprender y enseñar en un espacio distinto. Un primer aspecto que me parece relevante de considerar tiene que ver con la priorización de objetivos de aprendizaje, es decir, identificar aquello que resulta imprescindible y fundamental que los estudiantes incorporen para avanzar en diversos dominios y áreas del aprendizaje. La experiencia en Chile, durante estos meses, nos ha demostrado que las escuelas lograron adaptarse a este requerimiento, identificándose experiencias positivas donde los equipos docentes y directivos ya habían realizado dicha priorización, incluso previo a lo señalado por el Ministerio de Educación.

Un segundo elemento clave tiene que ver con la revalorización de la experiencia cotidiana y su incorporación en la metodología de enseñanza. En este sentido, el abrir la experiencia de aprendizaje a un espacio distinto, como una playa, el parque, el patio del colegio, etc, nos invita a ver este lugar con toda su riqueza y todos aquellos elementos que permitirán a los estudiantes construir el conocimiento. No hay que olvidar además que la sensación de amplitud y espacio de libertad promueve la comunicación, la cooperación entre las personas, así como También la motivación, favoreciendo el desarrollo de una actitud de mayor apertura hacia nuevos aprendizajes. Aquí el rol del docente, como de los equipos directivos de cada establecimiento educacional, es fundamental pues son los que permitirán que esto ocurra y asegurarán las condiciones para su desarrollo. 

Por último, me parece que la integración curricular es fundamental para el logro de aprendizajes significativos, lo cual cobra especial relevancia cuando el escenario físico cambia, y sobre todo cuando los puntos antes mencionados son tomados en cuenta. En este sentido, si queremos que la experiencia educativa, en un espacio abierto, que no sea la sala de clases, no quede solo en un cambio de escenario con las mismas lógicas de funcionamiento del aula tradicional, es necesario que miremos el aprendizaje como un proceso en el que  las distintas disciplinas se interrelacionan y complementan  para dar mayor riqueza a la construcción del conocimiento. Esto desafía al sistema escolar, sobre todo a los equipos directivos que lideran las comunidades educativa, a poner en el centro de su gestión el trabajo colaborativo entre los docentes, el desarrollo de relaciones de confianza entre los equipos profesionales de las escuelas, y la promoción de la corresponsabilidad entre los miembros de la comunidad en relación a la construcción de procesos de aprendizaje para todos. 




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